HIDRÁULICA DE AGUAS SUBTERRÁNEAS Y SU APROVECHAMIENTO
Se llaman aguas subterráneas a las existentes entre los intersticios del terreno, bajo su superficie. La aparente falta de regularidad en la aparición de afloramientos de aguas subterráneas y la dificultad de su previsión, unido a la enorme importancia que en algunas regiones ha representado su existencia para la vida de los pueblos, han dado siempre un carácter curiosamente misterioso a los estudios que se les han dedicado desde la antigüedad más remota.
La apertura de pozos para captar el agua de subsuelo es realmente una de las prácticas más antiguas del hombre. La literatura de las más antiguas culturas abunda en descripciones, a veces pintorescamente detalladas, de las técnicas constructivas o de las operaciones mágicas relacionadas con los alumbramientos de aguas. De ellos son verdaderamente notables los kanats persas y egipcios, galerías de enorme longitud excavadas en areniscas, en donde la escasez de medios de perforación y transporte estaba a menudo suplida por el ingenio de sus constructores.
A pesar de la antigüedad de estos conocimientos prácticos sobre el alumbramiento de aguas subterráneas mediante pozos, el verdadero desarrollo de las técnicas científicas de explotación y captación de ellas ha tenido lugar, en los últimos sesenta años. Las modernas técnicas de sondeo, el empleo de equipos de bombeo modernos, especialmente la bomba vertical sumergida, accionada por motores eléctricos, han sido los factores determinantes del marcado incremento reciente del uso de las aguas subterráneas, sobre todo en aquellos países de un desarrollo industrial elevado.
La apertura de pozos para captar el agua de subsuelo es realmente una de las prácticas más antiguas del hombre. La literatura de las más antiguas culturas abunda en descripciones, a veces pintorescamente detalladas, de las técnicas constructivas o de las operaciones mágicas relacionadas con los alumbramientos de aguas. De ellos son verdaderamente notables los kanats persas y egipcios, galerías de enorme longitud excavadas en areniscas, en donde la escasez de medios de perforación y transporte estaba a menudo suplida por el ingenio de sus constructores.
A pesar de la antigüedad de estos conocimientos prácticos sobre el alumbramiento de aguas subterráneas mediante pozos, el verdadero desarrollo de las técnicas científicas de explotación y captación de ellas ha tenido lugar, en los últimos sesenta años. Las modernas técnicas de sondeo, el empleo de equipos de bombeo modernos, especialmente la bomba vertical sumergida, accionada por motores eléctricos, han sido los factores determinantes del marcado incremento reciente del uso de las aguas subterráneas, sobre todo en aquellos países de un desarrollo industrial elevado.
Infiltración de las Corrientes Superficiales
Las corrientes se clasifican en general en dos categorías: corrientes influentes y corrientes efluentes. En las primeras, el nivel de las aguas superficiales está por encima de la superficie freática libre y el agua pasa desde la corriente superficial a la zona de saturación. Por el contrario, una corriente se llama efluente si su nivel está por debajo del nivel freático y, por tanto, recibe aportaciones de agua subterránea de los mantos de las laderas. En algunas regiones relativamente lluviosas, casi todas las corrientes de agua de flujo perenne o casi perenne son efluentes. En estas regiones, la recarga tiene lugar en las zonas existentes entre dos ríos o arroyos, de manera que las corrientes sirven como canales de drenaje natural que descargan el exceso de caudal de los almacenes subterráneos de agua. La recarga tiene lugar principalmente por la penetración vertical de la lluvia y del agua de las nieves en la inmediata vecindad de su punto de precipitación. Sin embargo, cuando la intensidad de precipitación de lluvia o nieve es superior a la velocidad con que puede infiltrarse el agua a través de la superficie del terreno, este exceso de precipitación correrá sobre la superficie en la dirección de su máxima pendiente.
Al principio de una lluvia, la escorrentía se presenta en forma de una lámina fina irregular de agua, pero muy pronto el agua superficial se concentra a lo largo de las vaguadas o depresiones y forma las corrientes intermitentes que llevan el agua al sistema de corrientes perennes. De esta forma, las partes bajas de las vaguadas y de los canales de estas corrientes superficiales temporales transportan el agua durante un período de tiempo más largo y con mayor carga hidráulica que la que se produciría solamente por la precipitación y, por tanto, en ellas se produce una infiltración mayor que la media, siendo especialmente eficaces en cuanto se refiere a la recarga de los depósitos de aguas subterráneas inferiores. Es éste un aspecto importante de la cuestión, que muy a menudo se ha pasado por alto por aquellos que sostienen que la recarga directa de lluvia o nieve es despreciable o nula.
Las corrientes se clasifican en general en dos categorías: corrientes influentes y corrientes efluentes. En las primeras, el nivel de las aguas superficiales está por encima de la superficie freática libre y el agua pasa desde la corriente superficial a la zona de saturación. Por el contrario, una corriente se llama efluente si su nivel está por debajo del nivel freático y, por tanto, recibe aportaciones de agua subterránea de los mantos de las laderas. En algunas regiones relativamente lluviosas, casi todas las corrientes de agua de flujo perenne o casi perenne son efluentes. En estas regiones, la recarga tiene lugar en las zonas existentes entre dos ríos o arroyos, de manera que las corrientes sirven como canales de drenaje natural que descargan el exceso de caudal de los almacenes subterráneos de agua. La recarga tiene lugar principalmente por la penetración vertical de la lluvia y del agua de las nieves en la inmediata vecindad de su punto de precipitación. Sin embargo, cuando la intensidad de precipitación de lluvia o nieve es superior a la velocidad con que puede infiltrarse el agua a través de la superficie del terreno, este exceso de precipitación correrá sobre la superficie en la dirección de su máxima pendiente.
Al principio de una lluvia, la escorrentía se presenta en forma de una lámina fina irregular de agua, pero muy pronto el agua superficial se concentra a lo largo de las vaguadas o depresiones y forma las corrientes intermitentes que llevan el agua al sistema de corrientes perennes. De esta forma, las partes bajas de las vaguadas y de los canales de estas corrientes superficiales temporales transportan el agua durante un período de tiempo más largo y con mayor carga hidráulica que la que se produciría solamente por la precipitación y, por tanto, en ellas se produce una infiltración mayor que la media, siendo especialmente eficaces en cuanto se refiere a la recarga de los depósitos de aguas subterráneas inferiores. Es éste un aspecto importante de la cuestión, que muy a menudo se ha pasado por alto por aquellos que sostienen que la recarga directa de lluvia o nieve es despreciable o nula.
Corrientes influentes y corrientes efluentes
Existen otras zonas en que la mayor cantidad de precipitación de lluvia y nieve cae sobre las montañas, mientras que los valles, muchos de los cuales constituyen llanuras desérticas, son generalmente muy áridos. En esta región, la mayor parte de las corrientes nace en las montañas, donde son alimentadas por manantiales y la fusión de las nieves y se hacen, por tanto, influentes cuando pueden ya dejar los cañones montañosos y fluir sobre las pendientes aluviales de gravas permeables creadas por ellas mismas.
Recarga Proveniente de Regadíos
Es interesante considerar que por efecto de regadío aplicado a los terrenos de cultivo, se produce en ellos una infiltración de una cierta parte del agua aplicada que pasa a constituir una nueva fuente de alimentación para las napas subterráneas. Del total del agua que se aplica en riegos en una zona, una parte normalmente importante se gasta en lo que se designa como “consumo evapotranspirativo” o “tasa neta” (agua transpirada por la planta y retenida en su tejido durante su crecimiento, más la evaporada desde la superficie del terreno), otra parte escurre superficialmente mientras que el saldo resultante se infiltra hacia las capas del subsuelo constituyendo la recarga ya referida de las napas.
De acuerdo con algunos estudios realizados puede estimarse en una primera aproximación que esta recarga bien puede representar en términos medios alrededor de un 20% a un 30% del agua aplicada, y en algunos casos aún más.
Alimentación Artificial
Otro factor de recarga que en algunos casos puede aplicarse con éxito es la “recarga artificial”. Consiste esencialmente en facilitar la infiltración de agua superficial hacia el subsuelo en los lugares apropiados para el objeto. Aún cuando el aprovechamiento de los volúmenes infiltrados como recursos de agua subterránea en secciones ubicadas más hacia aguas abajo no puede ser completo, esta recarga se justifica si los volúmenes infiltrados no pueden tener otro aprovechamiento perdiéndose en caso contrario por escurrimiento hacia el mar. Esta recarga se puede realizar mediante pozos, por zanjas o bien por lagunas de infiltración. Indudablemente que las áreas de infiltración pueden colmatarse si el agua de que se dispone no es muy clara, problema que debe ser tenido en cuenta muy especialmente en cada caso particular. Las tasas de recarga deben determinarse por lo general por experimentación directa en el terreno.
La recarga del tipo superficial, que se realiza por medio de canales, fosos o bien zonas de inundación, se prefiere normalmente debido a su menor costo de instalación y también por su mayor facilidad de operación y menores gastos de explotación.
La recarga del tipo profundo, que se realiza por medio de pozos profundos y galerías, se emplea cuando la napa por alimentar se encuentra separada de la superficie del terreno por una o varias capas continuas poco permeables y también cuando no es posible aplicar sistemas superficiales como por ejemplo es el caso de zonas urbanas.
Para abastecimiento de agua potable y desde un punto de vista económico, se producen grandes economías al utilizar este tipo de abastecimiento dado que normalmente se elimina la necesidad de plantas de tratamiento. La realimentación produce también economías en los equipos de elevación y en los gastos de energía que dichos equipos requieren.
Para el caso de la recarga del tipo superficial el mecanismo bajo el cual ella se realiza incluye las siguientes tres fases que se indican a continuación:
a) Infiltración
Corresponde a la adsorción del agua por las capas más superficiales del terreno. Es una condición fundamental para el éxito de una instalación de recarga superficial el contar con una buena capacidad de infiltración. Las formaciones superficiales pueden recubrirse de una delgada capa de suelos muy finos la que debe ser eliminada periódicamente. La tasa de infiltración se ve afectada también por la calidad química del agua; se ha verificado que las aguas duras con alto contenido de Ca2+ y Mg2+ se infiltran más rápidamente que aquellas con contenido elevado de Na+.
Un problema importante es el planteado por los sedimentos en suspensión que puede contener el agua. Según experiencias norteamericanas un m3 de grava puede absorber alrededor de 200 kg de sedimentos sin que su capacidad filtrante se vea reducida considerablemente; las arenas se colmatan sin embargo mucho más rápidamente. Los materiales en suspensión se depositan mucho más fácilmente en aguas quietas que en aguas corrientes. Se ha constatado también que suelos cubiertos por una vegetación adecuada (por ejemplo pasto Bermuda) se colmatan menos que los suelos desnudos.
Aún en ausencia de materiales en suspensión, la tasa de infiltración sufre una reducción paulatinamente en el tiempo debido principalmente al desarrollo de microorganismos en medio anaeróbico. Si cesa la sumersión por una temporada el suelo recupera su capacidad de infiltración.
En algunos casos ha resultado económicamente más conveniente reemplazar la capa superficial, natural o artificial, antes que pretender eliminar los sedimentos infiltrados.
b) Percolación
Al comienzo del proceso de recarga, la velocidad de percolación sufre las mismas variaciones que la velocidad de infiltración. Finalmente, sin embargo, la velocidad de percolación puede alcanzar un valor igual a la permeabilidad vertical del terreno.
c) Filtración
El escurrimiento se describe por las leyes normales de la hidrodinámica: ley de Darcy y ecuación de la continuidad. Desde un punto de vista físico químico los medios porosos se comportan como depuradores muy eficaces. Algunas decenas o a lo más algunas centenas de metros de filtración bastan para eliminar completamente microorganismos. Es necesario para esto que las aguas de recarga se encuentren suficientemente oxigenadas ya que en caso contrario las aguas captadas pueden resultar muy agresivas.
Se ha constatado que aguas con contenidos elevados de materia orgánica o iones intercambiables, especialmente Na+ y H+, han provocado rápidamente la colmatación de un acuífero.
Finalmente, siempre en relación con la recarga de tipo superficial, caben señalar algunos de los procedimientos que suelen utilizar para reducir los efectos de la colmatación superficial:
• Tratamiento previo de las aguas mediante cloro, oxigenación, sulfato de cobre, para la destrucción de la materia orgánica.
• Decantación previa de los materiales en suspensión.
• Manutención de condiciones aeróbicas mediante la aplicación de espesores delgados de agua, sumersión alternada, aereadores en cascada, etc.
• Manutención de cubierta vegetal.
La recarga de tipo profundo se ha practicado en mucho menor escala por razones de colmatación muy rápida que ha afectado a muchas instalaciones. Las causas que se señalan para esto son múltiples: obstrucción de rejillas por sedimentos en suspensión, formación de una capa biológica en torno a las rejillas de pozos, arrastre de aire, incrustación por precipitación de sales, etc.
Los remedios que se han utilizado también son variados: tratamiento de los pozos por ácidos, bombeo, cloración, filtración previa de las aguas, grandes aberturas de rejillas, inyección de agua por el fondo de los pozos para evitar formación de burbujas de aire, etc.
CONDICIONES DETERMINANTES DE LA RECARGA
Las condiciones que determinan la velocidad y caudal de la recarga de aguas subterráneas pueden ser de dos categorías: aquellas relacionadas con la precipitación, como verdadera fuente de abastecimiento, y aquellas relacionadas con la facilidad de entrada del agua en el terreno, las cuales determinan la proporción de agua de lluvia o nieve que alcanza los depósitos subterráneos. La precipitación varía grandemente en cantidad de unos sitios a otros y es también notablemente variable con el tiempo en cualquier sitio determinado. La recarga de agua subterránea varía mucho también de un sitio a otro y de unas épocas a otras, no sólo porque las condiciones de entrada son también variables, sino también porque, incluso con las mismas condiciones de toma, la relación de la recarga a la precipitación varía grandemente con la cantidad y distribución de las precipitaciones y según tengan lugar como lluvia o como nieve.
En general, la proporción de precipitación que puede transformarse en aguas subterráneas aumenta con la precipitación, pero sólo hasta un cierto límite. Si las precipitaciones tienen lugar en forma de lluvias ligeras y dispersas pueden todas ellas ser absorbidas por el terreno. Las lluvias que tienen lugar después de que la falta de humedad del suelo ha sido satisfecha son precisamente las que tienen utilidad en la recarga del almacén de aguas subterráneas. En la mayor parte de las zonas lluviosas de los Estados Unidos, una tercera parte de la precipitación llega al depósito subterráneo; pero en las regiones semiáridas, la recarga puede ser solamente un porcentaje muy pequeño de la precipitación y en grandes llanuras muy áridas la cantidad que constituye la recarga puede ser extraordinariamente pequeña o nula completamente.
La cantidad de recarga en cada área determinada depende grandemente de la distribución de la precipitación. Una cantidad dada de precipitación durante la época de crecimiento vegetal producirá la máxima recarga si tiene lugar en un período de lluvia persistente de intensidad tal que se infiltre con la misma rapidez que va cayendo. Si, por el contrario, cae distribuida en lluvias intermitentes a lo largo de un período de tiempo considerable, puede ser más beneficiosa para las cosechas, pero de esta agua muy poca o ninguna cantidad puede atravesar el terreno vegetal para llegar a la zona de saturación. Por otra parte, si la precipitación tiene lugar en forma de aguacero de gran intensidad y corta duración, solamente una pequeña parte puede infiltrarse en el suelo y todavía otra menor puede alcanzar las zonas de saturación, ya que la mayor parte del agua correrá en forma de escorrentía directa hacia corrientes superficiales. En regiones áridas, la poca precipitación existente tiene tendencia a producirse en aguaceros muy rápidos, pero éstos producen avenidas en las torrenteras que, como dijimos antes, son las entradas más fáciles del agua hacia las zonas inferiores. Durante la estación en que la vegetación está en hibernación, alcanza la zona de saturación una parte mucho mayor del agua debido a las precipitaciones. Al principio del otoño existe en general una falta de agua en el terreno vegetal, que las primeras lluvias van saturando, de arriba abajo. Las lluvias siguientes, cada vez en mayor grado, encuentran facilidad creciente para infiltrarse y pasar al almacén de la zona de saturación.
En los climas fríos, durante el invierno, la capa superficial del terreno se hace impermeable a causa de las heladas y la recarga es prácticamente nula. Al empezar el deshielo, en primavera, es cuando la recarga superficial se hace sentir con mayor intensidad. Si el terreno superficial está helado y además cubierto con una capa de nieve que lo aísla térmicamente del ambiente, las posibilidad de recarga dependen mucho de las condiciones climatológicas de la zona durante la época del deshielo. si la fusión de la nieve es muy rápida y tiene lugar principalmente antes de que el terreno se haya deshelado, el agua producida por ella se perderá para la recarga subterránea en forma de escorrentía superficial. Si es lenta, es prácticamente simultánea con el deshielo del terreno y la infiltración y recarga serán entonces máximas.
Hay otras condiciones que afectan fundamentalmente la recarga. Una de ellas es el tipo de cultivo del terreno. Las zonas de bosque y los prados producen mejor recarga que las arables, incluso para el mismo tipo de terreno. En las primeras, el agua está más limpia y no tapona los intersticios de penetración. Por otra parte, las raíces muertas constituyen canales que tienden también a favorecer la recarga.
Otra característica evidentemente decisiva en la recarga subterránea es la topografía del terreno. En zonas con grandes pendientes, la escorrentía es máxima y, por tanto, la infiltración es mínima. Las grandes llanuras de materiales sedimentarios permeables constituyen a este respecto las zonas de infiltración más eficaces.
La extensión de la cuenca receptora tiene también influencia decisiva en la cantidad de agua infiltrada en ella. La recarga aumentará si la cuenca directa de precipitación está aumentada con las aportaciones de corriente superficiales que recogen e infiltran las aguas recogidas en las montañas, en las cuales la intensidad de precipitación suele ser mayor.
A título de ejemplo, ya que no es posible establecer normas simplistas en el coeficiente de infiltración, que está sujeto, como hemos visto, a la influencia de factores muy diversos y complejos, insertamos a continuación una tabla de distribución del agua de lluvia, en función de las condiciones del terreno.
La intensidad de la recarga debida a las corrientes superficiales influentes depende grandemente del estado del lecho de las corrientes. Aunque el terreno por el que transcurre un río sea muy permeable, la infiltración puede ser reducida, a causa de que el lecho se haya impermeabilizado por arrastres de limos arcillosos o por deposiciones calizas que cementen los materiales del fondo. Cuando el río está sujeto a crecidas fuertes, éstas suelen lavar los depósitos impermeables y aumentar la capacidad de infiltración del lecho del río. Los embalses de regulación tienden a anular este efecto beneficioso de lavado, al suprimir las grandes avenidas. Por otra parte, los embalses son favorables a la infiltración en cuanto decantan el agua de elementos arcillosos finos, de modo que las deposiciones impermeables limosas aguas abajo pueden ser más reducidas.
INFLUENCIA DE FACTORES METEOROLOGICOS SOBRE LAS NAPAS
SUBTERRANEAS
Tres factores, la temperatura, la presión atmosférica y las mareas, pueden tener influencia sobre las napas subterráneas.
La temperatura puede hacer sentir su efecto sobre napas libres a través de la variación en el contenido de agua del suelo no saturado situado inmediatamente por encima de su nivel freático. Dado que las variaciones de la temperatura exterior se propagan muy lentamente al interior de los terrenos, este efecto prácticamente carece de importancia salvo en caso de estudios de muy larga duración. Cabe señalar por ejemplo que las oscilaciones diurnas de temperatura en general no se detectan más allá de 1 m de profundidad bajo la superficie del terreno.
Las variaciones de la presión atmosférica repercuten muy rápidamente sobre los niveles de agua que se encuentran en pozos y sondajes en napas artesianas.
Un aumento de la presión atmosférica produce los siguientes efectos sobre una napa confinada o artesiana:
• Se transmite en forma total y directamente sobre los espejos de agua que puedan existir en pozos y sondajes.
• Se transmite, a través de la capa impermeable que limita superiormente la napa, a los materiales permeables que constituyen el acuífero y al agua contenida en el. Parte del aumento de presión es tomado por los materiales permeables y parte por el agua.
La superposición de estos dos efectos hace bajar el nivel de agua que se observa en un pozo en una cantidad menor que el correspondiente aumento de presión debido a que si bien el agua contenida en el acuífero también aumenta de presión, lo hace en una cantidad menor.
Este efecto puede tener características espectaculares en pozos artesianos en los cuales el nivel piezométrico se encuentre muy poco sobre la superficie del terreno. En estos caso el caudal surgente que entrega el pozo puede variar a lo largo del día siguiendo las variaciones de presión, en algunos momentos puede incluso llegar a detenerse la surgencia.
El efecto de los cambios de presión no se hace sentir sobre napas libres debido a que ellas en todos sus puntos se encuentran sometidas a la presión atmosférica, no produciéndose por lo tanto movimientos diferenciales entre el agua contenida en el acuífero y la que se encuentra en pozos y sondajes. Las mareas ejercen influencia sobre los niveles piezométricos de napas artesianas ubicadas próximas a la costa. Esta influencia es tanto más fuerte cuanto más importante sean las mareas en cada zona. Los niveles piezométricos en estos casos siguen las variaciones de las mareas, produciéndose los niveles mínimos en la bajamar y los máximos en la alta mar.
ZONAS FAVORABLES PARA LA EXISTENCIA DE AGUAS SUBTERRANEAS
Con relación a la capacidad para almacenar y transmitir aguas subterráneas, los terrenos pueden clasificarse en las siguientes tres categorías:
a) Acuíferos: formaciones de gran porosidad y permeabilidad capaces de almacenar y transmitir agua en forma apreciable (ejemplo: arena).
b) Acuífugos: formaciones de muy baja porosidad y muy baja permeabilidad, las cuales, en consecuencia, no almacenan ni transmiten aguas (ejemplo: rocas graníticas).
c) Acuífijos: formaciones de alta porosidad y baja permeabilidad, susceptibles de almacenar grandes cantidades de agua, pero de muy difícil extracción por los métodos corrientes de explotación (ejemplo: arcillas).
La gran mayoría de los acuíferos están contenidos en rellenos sedimentarios cuya permeabilidad o porosidad original no ha sido afectada por procesos posteriores que tiendan a cerrar los poros (cementación, compactación y metamorfismo). Un pequeño porcentaje de acuíferos aparece ligado a fracturas en rocas de cualquier tipo, cavidades de disolución enrocas calcáreas o bien aberturas producidas por escape de gas en lavas.
En general, los sedimentos precuaternarios se muestran impermeables y densos por lo que son de una importancia muy secundaria en relación con aguas subterráneas. Desde este punto de vista, las rocas pueden clasificarse en seis grandes grupos según el período geológico durante el cual se originaron y también según su capacidad para configurar acuíferos. Estos grupos se indican en la Tabla 2.
a) Sedimentos fluviales:
Son aquellos que resultan del transporte de depósito por aguas de ríos con escurrimiento permanente, aun cuando la mayor parte de los depósitos se produce durante creces en que el río desborda su cauce e inunda amplias extensiones de los terrenos más bajos adyacentes. El tamaño de este tipo de sedimentos depende de la velocidad del agua, lo que explica la graduación granulométrica existente a lo largo del perfil longitudinal de un río (materiales gruesos y muy permeables en el inferior). Las condiciones determinantes para el depósito de estos sedimentos han variado a lo largo de la historia geológica cuaternaria de cada río, por lo que pueden ubicarse con sondajes, capas de sedimentos gruesos y permeables en las desembocaduras actuales o bien intercalaciones arcillosas e impermeables en sus cursos medio y superior. Lo mismo valle para las secciones transversales correspondientes a ríos de valles anchos; el caudal del río puede haber sufrido grandes desplazamientos y, dado que aquí se encuentran normalmente los depósitos más gruesos, a veces las mejores napas subterráneas se localizan en ubicaciones alejadas de los lechos actuales. Del río Aconcagua al norte, los ríos presentan valles estrechos que no han permitido nunca grandes desplazamientos de sus cauces, por lo que las mejores posibilidades de captación subterránea se encuentran próximas a los lechos actuales. Los ríos Maipo y Rapel, con sus afluentes, han tenido desplazamientos notables en su recorrido por el valle Central. El relleno de estos cauces antiguos queda normalmente ligado con áreas de recarga, por lo que presenta muchas veces mejores posibilidades que la zona próxima a los cauces actuales. El relleno antiguo hacia la zona de la costa, entre los ríos antes referidos, ha sido generalmente solevantado a niveles más altos que las áreas de recarga más importantes, por fenómenos tectónicos, de manera que no muestra posibilidades promisorias de aguas subterráneas.
Desde Curicó hacia el sur, se repiten en distancias relativamente cortas, ríos importantes. Aunque priman aquí los depósitos glaciarios y asociados con ellos, son escasas las áreas dentro del valle Central que no muestran en alguna profundidad depósitos fluviales permeables.
b) Sedimentos glaciarios o glaciales:
Los materiales depositados directamente por los glaciares, morrenas, son típicamente heterogéneos y de mala clasificación; es decir, francamente impermeables. Hasta la latitud al sur de Santiago, no hay evidencias de acumulación por el hielo en el relleno del valle central, sin embargo, hacia el sur del país, se hacen cada vez más marcados los rasgos de una acumulación de este tipo, hasta que hacia la zona de Puerto Montt constituyen el relleno predominante en la superficie del valle Central.
Se estima que de Aconcagua al sur las épocas glaciares cuaternarias fueron a lo menos tres, de las cuales la última fue comparativamente la de menor magnitud y alcanzó con sus sedimentos solamente los primeros contrafuertes andinos entre Santiago y Valdivia. Al sur de Valdivia habría alcanzado hasta la vertiente oriental de la Cordillera de la Costa.
c) Sedimentos glaciofluviales: (asociados a glaciares cuaternarios).
Cada época glaciar queda separada de la siguiente por un período interglaciar o de notable retroceso de los hielos hacia el interior de la Cordillera Andina que, se aún se cree, fue generalmente de mayor duración que la misma época glaciar precedente. Durante los períodos interglaciarios se produjo una intensa acción del agua proveniente en grandes cantidades del derretimiento del hielo y también de precipitaciones. Los sedimentos depositados bajo este tipo de régimen se denominan glaciofluviales. Existen en muchas regiones, gruesos espesores de sedimentos fluviales, que en realidad, pertenecen más bien al tipo aquí considerado por provenir de materiales originalmente glaciarios, en especial de la última época glaciar. Pueden esperarse en ellos buenos rendimientos de aguas subterráneas.
De gran extensión son los sedimentos lacustres (glaciolacustres) constituidos por limos arcillosos, los que alcanzan cada vez más desarrollo a medida que se avanza hacia la zona de Puerto Montt y Chiloé. Se ubican cronológicamente por debajo de los depósitos glaciarios más modernos y pueden observarse claramente de Talca al sur (parecen existir en el territorio chileno dos grandes cuencas lacustres, una ubicada desde Osorno a Puerto Montt y posiblemente gran parte de Chiloé y otra desde la región del lago Villarrica hasta cerca de Talca). Estos sedimentos lacustres son de naturaleza muy impermeable.
d) Otros depósitos sedimentarios cuaternarios
• Conos de rodados y depósitos fluviales torrenciales: semejantes a los típicamente fluviales aunque no tan redondeados, clasificación inferior, menor porosidad y menor permeabilidad.
• Depósitos eólicos: desde el punto de vista del agua subterránea sólo tienen importancia las dunas (acumulaciones arenosas originadas por el viento). Las dunas costeras son altamente permeables y, por lo tanto, son atractivas desde el punto de vista de captaciones subterráneas, siempre que cuenten con recarga abundante.
• Escombros de falda: son producto de la meteorización de las rocas. Estos materiales son de una importancia muy secundaria.
VENTAJAS DE LAS CAPTACIONES SUBTERRANEAS
Las principales ventajas de las captaciones de aguas subterráneas por pozos, según sus distintos tipos de uso, pueden resumirse en los siguientes puntos:
a) Utilización de agua potable
• Exige pequeñas inversiones iniciales en comparación con las de plantas de filtros para tratamiento de aguas superficiales (gran importancia cuando los capitales son escasos).
• Los problemas de abastecimiento en grandes ciudades pueden ir solucionándose paulatinamente junto con el crecimiento del consumo sin necesidad de abordar grandes soluciones para un futuro a largo plazo.
• Las captaciones pueden ubicarse muy próximas al consumo con lo que se economiza en aducciones.
• Por lo general no necesita tratamiento especial. Basta con una pequeña cloración antes de entregar al consumo.
• Permite solucionar problemas de abastecimiento en forma muy rápida dado el corto tiempo que en general se requiere para la construcción de este tipo de obras.
• En muchas zonas es el único recurso económicamente disponible.
b) Utilización de industrias
• Permite disponer de una fuente propia que la libera de depender, para la seguridad y suficiencia del abastecimiento, de otra fuente mucho más sujeta a variaciones con es la red de agua potable (si existe).
• Permite obtener agua de calidad para procesos industriales.
• Permite ubicar la captación dentro del mismo recinto de la industria.
• Para muchas industrias resulta ser el único recurso disponible.
c) Utilización en agricultura
• Permite solucionar problemas locales de regadío sin tener que esperar para acogerse a las grandes soluciones propiciadas por el estado.
• Las captaciones pueden ubicarse muy próximas al consumo sin que se requieran por lo tanto grandes obras tanto de aducción como de distribución interna.
• Permiten disponer del agua justo en el momento que se requiera.
• Utilizada como complemento de recursos superficiales existentes puede ser de gran valor, aún cuando sólo se haga funcionar eventualmente (incidencia fundamental sobre seguridad de riego).
• Los recursos de agua subterránea se ven poco afectados por años secos individuales (gran capacidad de regulación).
• Permite reducir las dotaciones por hectárea ya que se tienen menos pérdidas en la conducción y se hacen regadíos más cuidadosos. Estas economías de agua pueden ser del orden de 30%.
• En muchas zonas constituye el único recurso económicamente disponible.
Constituye una posibilidad para los agricultores para aumentar individualmente sus recursos de agua ya que los recursos fáciles y económicamente utilizables en forma particular, están en su mayoría agotados.
PREGUNTA
SEÑALE LA RELACIÓN ENTRE PERCOLACIÓN E INFILTRACIÓN, LA INFLUENCIA DEL TIPO DE SUELO EN AMBOS PROCESOS Y SU INCIDENCIA EN LA VELOCIDAD DE RECARGA DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS.



